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Promesas

Yo sería un buen político. De los buenos, buenos. De los que consiguen mayoría absoluta con facilidad. Y todo porque poseo la facultad de perder mi credibilidad enseguida. No me cuesta demasiado. Hago promesas y nunca las cumplo. Sobre todo con las mujeres. Pero no es por maldad ni nada de eso, es porque soy un despistado, y nunca me acuerdo de lo que prometo. Aunque prometa la luna. De eso también me olvido. De hecho las primeras cosas que olvido son las promesas importantes, o las que me suponen un gran esfuerzo (o un alto nivel de compromiso). Debo reconocer que a veces me olvido queriendo, o simulo que me he olvidado aunque lo recuerdo perfectamente.

¿Y la solución para que no se enfaden conmigo? Muy fácil. Tengo practicada una carita de pena que me sale fenomenal, con una voz dulce y sosegada que acompaña muy bien.

Fruto de muchas horas delante del espejo. Y muchas horas delante de una grabadora.
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Tonto? Yo?

Tonto? Yo? Antes de seguir leyendo este post recomiendo leer este otro, ya que facilitará el entendimiento del resto del relato. Ni que decir tiene que es imprescindible, ya que si no fuera así, no lo recomendaría.

¿Ya lo habéis leído? Pues bien, espero que os haya gustado.

Siguiendo con el post y cambiando de tema, lo que realmente quería contar era una historía mía, original, no de ninguno de mis amigos. Esto me ocurrió a mí. Esta mañana. Y es que soy yo un hombre de impulsos, de curiosas ocurrencias, y de extrema valentía para llevarlas a cabo.

Me disponía a entrar en la ducha cuando me dí cuenta que aún llevaba los calcetines puestos (soy muy despistado). Entonces, en vez de quitármelos como hace todo el mundo, estuve varios minutos dando forma a una nueva idea de quitarse los calcetines. Y se me ocurrió. Quería intentar quitarme ambos calcetines de una vez, al mismo tiempo, dando un salto. Y procedí a ello. Me puse en cuclillas, agarré la parte de arriba de cada calcetín con cada una de las manos, salté y tiré al mismo tiempo lo más rápido que pude para poder volver a caer de pie. Pero no fue así. No me dió tiempo, los pies se me fueron para adelante y las manos se me quedaron enganchadas en los calcetines. Todo esto en cuestión de centésimas de segundo. Y claro, caí de culo. Un sonoro golpe de mis posaderas contra el frío suelo del cuarto de baño. Por tonto, que me lo tengo merecido. Pero seguiré practicando.

Lo de antes era broma, sí que era imprescindible leer este post, el del cabezón. Y todo para que se viera que es verdad, que tengo una cabeza muy grande. Lo cual fomentaba las burlas de mis compañeros de colegio. Soy tan cabezón que mi cabeza ni siquiera cabe en las fotos, tal y como se puede observar. Y es una pena, porque nunca pude tener fotos familiares. Ni de mi nacimiento, ni de mi Primera Comunión (no, no iba vestido de marinerito), ni de ningún cumpleaños, ni nada de nada.

También es verdad que me apetecía poner mi foto (sabiendo que acarreará como consecuencia la pérdida de lectores). Y esto es todo. Bueno, todo no. Estoy pensando en registrar un dominio y contratar alojamiento... Memeces.com?

Nota del autor y exención de responsabilidad respecto al conocido como "Incidente del calcetín": No haga esto en su casa. Tampoco lo haga sin control paternal. Estas pruebas han sido realizadas en circuito cerrado y con supervisión de especialistas. Memeces S.A. no se hace responsable de posibles daños sufridos al llevar a cabo este experimento.
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